Cesare Pavese: el gran poeta en el destierro personal

por / Miércoles, 15 Marzo 2017 / Publicado enNoticias

Cesare Pavese: el gran poeta en el destierro personal

 

La trágica historia de uno de los más grandes poetas italianos del siglo XX quien no pudo curarse de sufrir por amor sin llegar a quererse a sí mismo.

Cuando escuchamos la palabra suicidio, inmediatamente se nos viene a la cabeza, sobre la persona que lo cometió, un prejuicio que ha permanecido ya durante mucho tiempo en nuestra sociedad: “algo debía estar mal en su vida”, “estaba enfermo” o “simplemente estaba loco” entre muchos otros. Es  algo comúnmente mal visto. No es de extrañarnos, esto en parte se debe a que antiguamente el suicidio fue castigado, para quien lo cometía, –por ejemplo en la Inglaterra medieval– con el desmembramiento público del acusado. Así mismo, en los territorios dominados por la cristiandad no se podían enterrar los restos mortales del culpable por practicar suicidio y éstos tenían que reposar fuera de cualquier campo santo; la misma religión relega a quienes lo cometen a un castigo eterno, pues el cuerpo que es creado por Dios como la vida misma no le pertenece a los seres humanos, mucho menos la decisión de cuándo ésta debe o no terminar.

No así en la antigua Roma donde realmente no era un acto punitivo y cuyas leyes sólo castigaba a aquellos hombres que eran esclavos pues su vida no les pertenecía; también esta pena valió igualmente para los hombres que habían cometido algún delito, ya que morir significaba huir de la justicia sin pagar sus deudas con la sociedad.

En la antigua Grecia, el gran filósofo Sócrates tomó de la cicuta  voluntariamente pues prefirió este veneno a ser desterrado de la ciudad; otro ilustre ejemplo fue el del también filósofo, Diogenes Laercio quien ideó un asombroso plan que consistía en que a lado de su cuerpo varios de sus alumnos fueran enterrados para que sus restos se perdieran entre la multitud sin poder ser encontrado, pues estaba amenazado de que si practicaba suicidio su cadáver irían a parar al hocico de las bestias.

El suicidio del que les hablaremos es del escritor, poeta y también traductor Cesare Pavese, quien nació en Santo Stefano Belbo, el 9 de septiembre de 1908; hijo de un  Procurador del Tribunal de Turín, queda huérfano a los seis años de edad. Tras doctorarse se desempeñó como colaborador de la célebre editorial Einaudi a lado de sus amigos, los escritores Guilo Einaudi y Leone Ginszburg.

Pavese, sus traducciones y la labor concienzuda que llegó a realizar en la editorial le dieron a la Italia de la posguerra un nuevo respiro literario, a pesar de la persecución fascista. Su actividad literaria, se centró en la novela, la poesía, la crítica literaria y en la traducción de nuevos clásicos a la lengua italiana desde el inglés; tradujo a escritores como: Defoe, Joyce, Fulkner, Hemingway, Jhon Dos Passos o Gertrude Stein, situación que le vendría a dar un momento americano a la literatura ítalo parlante.

Con otros artistas de la época pudo hacer un grupo de intelectuales anti-fascistas que rápidamente fue reprimido por el régimen. Producto de esta persecución es que el escritor caería preso en 1935 en Turín, hecho que sólo concentro una enorme querella contra la vida que ya desde los 19 años había manifestado: “Se me escapan las ganas cada día más (…) Soy un maestro  en el arte de no gozar”.

Pavese empezó a escribir uno de los diarios más reveladores de la historia de la literatura italiana tras su encarcelamiento, llamado El oficio de vivir, donde relató y describió un infinito desasosiego que la vida le infringía. Varias teorías han especulado sobre el fatal curso que tomaría su vida; Lajolo toma uno de sus versos: vacío absurdo como nombre de la biografía que le hizo, de alguna manera para ejemplificar un poco el debate y sentir interno del rapsoda en el que se hallaba postrado; Pérez Gutiérrez dijo que la amargura y tristeza le venía de una impotencia sexual que el coplista padecía. Se asegura por otro lado que estuvo enamorado de la actriz Constance Dowling a quien conoció durante la grabación de una película y por la que sintió un amor que siempre fue mal correspondido. Sus diarios no ofrecen nombres, como tampoco achaca culpas concretas, lo que sí se puede leer es que el trovador vivía una soledad sin aranceles y pocas dudas.

El 26 de agosto de 1950 en la habitación 346 del Albergo Roma en Turín, Cesare Pavise de 42 años, ingiere 26 sobres de barbitúricos con agua, recostado en una cama, con un nombre y una fama ya a cuestas; inoportuna soledad y tristeza reticente, la vida había escrito Pavese, se le asemejaba a una postilla que volvía a crecer, siempre dejándolo en una nostalgia más profunda y dolorosa. La culpa fue acaso la del desamor, el no haber podido amar y a la vez experimentar tantos sentimientos por los pequeños detalles que al final pasan desapercibidos para el resto de la gente, pero que constituían para él, las grandes fatalidades por las que atraviesa el ser humano. Les dejamos aquí posiblemente el poema más conocido de este trágico escritor:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos…

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

@betistofeles

 

 

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